Por: Aransha Vásquez

En la sociedad actual, la tecnología se encuentra presenta en gran parte de la rutina diaria de las personas; en el caso de Renato, esto no era la excepción.

En un entorno donde la tecnología domina cada faceta de nuestra vida, los datos personales se han convertido en un recurso valioso y vulnerable.

La historia de Renato, un joven cuya identidad digital es traicionada, comienza cuando descubre que su rostro, almacenado en un sistema de reconocimiento facial, ha sido vendido ilegalmente a un oscuro mercado. Pero, ¿Qué pasará con Renato ante esta situación?

Sumérgete en esta lectura con la aventura del protagonista.

Renato se dirigió al gimnasio, extendió su mano sobre el Datafast y canceló la mensualidad; luego se dirigió hacia las maquinas, y desbloqueó la entrada con su Face ID. Al terminar su rutina, se dirigió a la universidad, en donde para acceder otra vez utilizó su rostro para desbloquear la entrada. Culminó con su horario de clases, y para ingresar al edificio en donde vivía, usó nuevamente su Face ID; esta modalidad digital había reemplazado a la llave tradicional.

En el sur de la ciudad, surgía una clínica con tecnologías clandestinas para modificar la apariencia física de las personas; ya que, en esa era, se prestaba especial atención a la “perfección” física. Por lo cual se buscaba un rostro simétrico, que cumpliera con los rangos de perfección; y aunque habían tenido muchos candidatos, no habían encontrado el modelo ideal.

Renato se acercó al supermercado en el que tenía suscripción, y al intentar ingresar con su Face ID, le reflejó un error de sistema; al acercarse a servicio al cliente para arreglar esa situación, le dijeron que para solucionar el problema tendría que poner sus medidas faciales nuevamente en el registro para guardarlas. Lo que él no sabía, era que esos datos serían vendidos a aquella clínica clandestina.

El fin de semana, una amiga le escribe a preguntarle si estaba molesto con ella, porque lo había visto comiendo en un restaurante y no la saludó, mensaje que a Renato le sorprendió, ya que él no había salido a ningún lado; sin embargo, decidió no prestarle atención y continuó con su día. Al anochecer, su mamá lo llamó a decirle que lo habían visto paseando por una plaza de su ciudad natal, y le preguntó por qué no había pasado por la casa a visitarla; Renato confundido le dijo que no había sido él, ya que seguía en la ciudad en la que él vivía.

 Al comenzar la semana, siguió su rutina diaria, pero al llegar al gimnasio, se encontró con la sorpresa de que el Face ID no le permitió el acceso a las máquinas, y le salía un comunicado de que él ya estaba dentro de las instalaciones. Creyó que era otra vez un problema del sistema, al estarse dirigiendo a servicio al cliente, observó a una persona con un rostro muy similar al suyo salir, pero como lo vio rápido, quedó confundido; al tener los antecedentes de que su amiga y mamá le habían dicho que lo habían visto y no era él, decidió intentar nuevamente el Face ID en el ingreso para comprobar si había alguien con su mismo rostro, y esta vez sí le funcionó. Esa situación lo dejó intranquilo, por lo que decidió retirarse del gimnasio y caminar hasta la universidad para despejar la mente.

En el transcurso del camino, notó que varias personas tenían su mismo rostro, pero con ciertos rasgos diferentes: como la nariz respingada, las cejas más pobladas, los labios más finos, y más diferencias; esta situación lo asustó y empezó a correr, mientras que corría, más personas con su apariencia física le aparecían, por lo que se detuvo para tranquilizarse, cerró los ojos, respiró profundamente y esperó que eso desapareciera al abrirlos, pero fue todo lo contrario, las personas con su rostro avanzaban todos hacia él.

Renato despertó muy asustado por lo que había soñado, pero se tranquilizó al saber que no había sido cierto. Y desde ese momento, decidió tener más precaución al exponer sus datos biométricos y personales ante lectores y sensores digitales.

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